Lo que está pasando
Revista Electrónica editada por la Asociación Club del Lector, inscrita en el Registro de Asociaciones de la Comunidad de Madrid, nº 28826.
  
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El mal de Montano
Juan Ignacio Encabo Balbín

    

Carlos Vila-Matas en "El mal de Montano" (2002) aborda la literatura como enfermedad. No es una hipótesis que se deba desechar, como se comprueba después de la lectura, dificultosa, del libro. El autor distingue entre el "mal de Montano" en su versión ágrafa: el escritor se siente invadido intelectualmente por las ideas de otros autores que suplantan su propio yo y le impiden escribir algo propio. Vila-Matas confiesa padecer la forma atenuada de la enfermedad, a la cual denomina "mal de literatura". El que padece este mal asocia involuntariamente cualquier cosa que haga o diga a lo que, antes que él, han hecho, dicho o escrito otros autores (las películas también participan de este proceso de asociación). El resultado es apartar al autor de lo real en favor de la ficticio; un mundo paralelo al que no es capaz de renunciar.

Cuenta el escritor que una mañana vio venir hacia él una barca al fresco del amanecer y por primera vez no asoció este hecho a un pasaje literario. En ese momento la realidad tuvo para él más atractivo que la ficción.

El mal de literatura es molesto para el que convive con el escritor y al que probablemente no importan los dichos y desventuras de los autores del pasado, pues ya tiene suficiente con convivir con uno en el presente. Si el afectado por el mal de literatura se pone a escribir produce un torrente de anécdotas y citas eruditas que marean al lector. Salta sin previo aviso de la realidad a la ficción, quizá porque él mismo no las distingue. Vila-Matas señala como en esta obra "reúne ensayo, memoria personal, diario, libro de viajes y ficción narrativa". Sin embargo cada género literario necesita un ritmo de lectura y un grado de concentración distintos. El cambio de género lleva al lector a saltarse párrafos y páginas enteras en busca del argumento perdido.

El mal de literatura no es nuevo y, en cualquiera de sus dos versiones, puede afectar tanto al escritor como al lector. Don Quijote, el loco más egregio de nuestras letras, lo padecía. Es propio del mal de literatura en el lector rebuscar entre papeles y libros, tal como cuenta Cervantes que le ocurrió en el alcaná de Toledo, en búsqueda compulsiva de la letra impresa.

En conclusión escribir por escribir no es un fin en sí mismo, igual que leer tampoco. Ello nos lleva a preguntarnos cuál es la finalidad de la literatura y qué debemos desestimar como tal.

 

Juan Ignacio Encabo

23-11-2010









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