Lo que está pasando
Revista Electrónica editada por la Asociación Club del Lector, inscrita en el Registro de Asociaciones de la Comunidad de Madrid, nº 28826.
  
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Hildegarda de Bingen
José Carlos Martín de la Hoz

    

La Reciente película sobre santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) recientemente estrenada en España, pone de actualidad a una de las mujeres más influyentes del siglo XII. Santa Hildegarda fue Abadesa de varios conventos de benedictinas y contribuyó desde su intensa vida de oración a la renovación de la Iglesia en la Edad Media, especialmente de la orden benedictina. Su vida estuvo relacionada con el Papa Eugenio III, San Bernardo de Claraval, el emperador Federico Barbarroja, obispos etc. Sus escritos influyeron en las reformas del Concilio de Letrán de 1147.

Desde muy joven se incorporó al Monasterio de Disibodenberg, bajo la dirección de Jutta de Sponheim (+ 1136), allí vivió 35 años. A la muerte de Jutta fue elegida abadesa del Monasterio.

Las visiones que tenía de Dios desde su tierna infancia logró ponerlas por escrito a lo largo de diez años (1141-1151), con la ayuda de los secretarios Volmario y Ricarda de Stade. El grueso volumen denominado Scivias (conoce los caminos), contiene los mensajes recibidos para toda la Iglesia. En ellos como dice su reciente biógrafa, Feldmann: "Anuncia y cuenta cómo se llega a la salvación que todo lo restaura, para que sean seleccionados aquellos que, aunque conocen el sentido profundo de las Escrituras, no quieren proclamarlas ni anunciarlas" (p.49). Es decir, esas revelaciones versaban "sobre el hombre, que necesita dolorosamente la salvación, pero que es incapaz de salvarse a sí mismo" (p.51)

Fue consejera espiritual, escritora, médico especialista en medicina natural (p.135), y sobre todo: madre para todas sus monjas. Dios formó en ella una mujer fuerte para restaurar las vidas espirituales y espolear las conciencias. Como escribía Hildegarda: "La obediencia es el deseo de un beso del creador" (p.161). Era exigente en su vida espiritual y buena conocedora del alma humana: espoleaba el amor y mantenía a raya los excesos.

En su vida espiritual se identifico con Jesucristo y le entregó todo, hasta los lazos de fraternidad. Como le escribía a Hartwig el arzobispo de Bremen: "No tenemos derecho a retener a nadie a nuestro lado. El amor no se impone, se ofrece" (p.112). Siempre vivió con el deseo de mejorar su oración (p.269).

Ante la creciente extensión del catarismo (pp. 169-171 y 244-247), e impulsada por el amor de Dios, se impuso a sí misma la necesidad de la reforma interior: "La conversión ha de comenzar primero en los Monasterios y no en los grandes centros del poder, sino entre quienes viven religiosamente" (p.248). Además se lanzó con un estado precario de salud a hablar con valentía del mensaje de Jesucristo y su doctrina salvadora. Fue predicadora ambulante a los setenta años (pp. 244 y ss): siempre llamando a la Verdad (p.247)

Santa Hildegarda tenía una gran confianza en Dios y en el hombre, pues como decía en una carta: "el alma siempre portadora de la vida más intensa y de una indomable energía creadora, porque se sabe amada por Dios" (p.204). Por eso se apenaba ante los hombres que se encerraban en lo material, en la pobre felicidad del egoísmo: "Quien no desea saber nada más de Dios, pone fin al sentido de su vida" (p.211).

 

 

José Carlos Martín de la Hoz

 

 

Christian FELDMANN, Una vida entre la genialidad y la fe, ed. Herder, Barcelona 2009, 359 pp.

 

15-12-2010









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