Lo que está pasando
Revista Electrónica editada por la Asociación Club del Lector, inscrita en el Registro de Asociaciones de la Comunidad de Madrid, nº 28826.
  
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Santa Hildegarda de Bingen
José Carlos Martín de la Hoz

    

El pasado jueves 10 de mayo el Papa Benedicto XVI extendió a la Iglesia universal el culto litúrgico en honor a santa Hildegarda de Bingen (1098-1179). Se trata de un caso típico de "canonización equivalente".

Esta figura canónica formulada ya por Benedicto XIV, es utilizada por el Santo Padre para, mediante un Decreto, convertir la devoción consolidada y extendida durante siglos de un Siervo de Dios en culto público. Es decir el Papa extiende preceptivamente a toda la Iglesia el culto de un Siervo de Dios que no ha sido canonizado todavía, a través de la inserción de su fiesta, con misa y oficio, en el Calendario de la Iglesia universal.

Se trata, por tanto, de una sentencia definitiva del Papa sobre la santidad de esta sierva de Dios, que desde esa fecha es introducida en el catálogo de los santos como modelo e intercesora para el pueblo cristiano.

Recordemos que en el Pontificado de Benedicto XIV fueron introducidos en el catálogo de los santos, mediante esta forma de canonización, por ejemplo, los santos Romualdo (canonizado 439 años después de su muerte), Norberto, Bruno, Pedro Nolasco, Ramón Nonato, Juan de Mata, Félix de Valois, la reina Margarita de Escocia, el rey Esteban I de Hungría, el rey Wenceslao I de Bohemia y el Papa Gregorio VII.

Precisamente Santa Hildegarda fue objeto de una película estrenada en España en 2009 con gran éxito. Este acto del Papa pone de actualidad a una de las mujeres más influyentes del siglo XII. Santa Hildegarda fue Abadesa de varios conventos de benedictinas y contribuyó desde su intensa vida de oración a la renovación de la Iglesia en la Edad Media, especialmente de la orden benedictina. Su vida estuvo relacionada con el Papa Eugenio III, San Bernardo de Claraval, el emperador Federico Barbarroja, obispos etc. Sus escritos influyeron en las reformas del Concilio de Letrán de 1147.

Desde muy joven se incorporó al Monasterio de Disibodenberg, bajo la dirección de Jutta de Sponheim (+ 1136), allí vivió 35 años. A la muerte de Jutta fue elegida abadesa del Monasterio.

Fue consejera espiritual, escritora, médico especialista en medicina natural (p.135), y sobre todo: madre para todas sus monjas. Dios formó en ella una mujer fuerte para restaurar las vidas espirituales y espolear las conciencias. En su vida espiritual se identifico con Jesucristo y le entregó todo, hasta los lazos de fraternidad. Como le escribía a Hartwig el arzobispo de Bremen: "No tenemos derecho a retener a nadie a nuestro lado. El amor no se impone, se ofrece" (p.112). Siempre vivió con el deseo de mejorar su oración (p.269).

Santa Hildegarda tenía una gran confianza en Dios y en el hombre, por eso se apenaba ante los hombres que se encerraban en lo material, en la pobre felicidad del egoísmo: "Quien no desea saber nada más de Dios, pone fin al sentido de su vida" (p.211).

Esta es una gran noticia para toda la Iglesia que, mediante este modelo y su intercesión, podrá crecer en fidelidad al mensaje cristiano.

 

 

José Carlos Martín de la Hoz

 

Christian FELDMANN, Santa Hildegarda de Bingen. Una vida entre la genialidad y la fe, ed. Herder, Barcelona 2009, 359 pp.

 

03-08-2012









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