csegade.- Este es, junto con Cruzando el Umbral de la Esperanza de Juan Pablo II, uno de los libros que más pueden definir una época en la historia de la Iglesia. Como se dice en la sinopsis, es un libro reflexivo para leer de manera meditativa, despacio, como se lee un libro de estudio o un libro de profunda espiritualidad que sin embargo aparece escrito con una rapidez de estilo propia de la entrevista o del texto periodístico, lo que favorece que lector no se vea obligado a seguir linealmente el libro, sino que se pueda leer según los temas de más interés.
Ratzinger reponde a las preguntas de Seewald como ya hacía en La Sal de la Tierra, tratando los temas de actualidad desde su autoridad teológica y sin olvidar ni un momento la responsabilidad que tenía en aquel momento como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Fe. El objetivo del Cardenal queda claro desde las primeras páginas: el mundo, y más aun Europa, necesita una movilización de los cristianos en la fe, una mayor formación, impregnar la sociedad de espíritu cristiano.
El lado personal, casi íntimo (por ejemplo, cómo y cuando reza el rosario), la evolución de pensamiento, la vida de piedad, los gustos y preferencias intelectuales de Ratzinger van apareciendo a lo largo del libro, de manera que el lector puede ir construyendo una idea completa de su personalidad. Por tanto, no se queda en una inyección discursiva y fría de doctrina crítica frente a los problemas de nuestra sociedad; es, al final, una síntesis del pensamiento y la persona del hoy Papa Benedicto.
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