Alguien pudiera pensar, al ver la presentación del libro, que se encuentra ante un libro para niños, pero nada más lejos de la realidad. Este cuento navideño es una invitación a la piedad, al acercamiento al gran misterio del Nacimiento de Dios. Es una narración fantástica llena de enseñanzas cristianas de fondo, de manera que al tiempo que ayuda a rezar, el autor repasa, como el que no quiere la cosa, una cuantas verdades fundamentales del dogma. Y algunas verdades elementales de la naturaleza humana, porque a veces hay que repetir lo más elemental para que no nos olvidemos. El relato es poético y tierno, atrayente en toda su extensión. Merece la pena su lectura pausada y no me extraña lo que alguno me ha dicho, que lo lee todos los años por la Navidad. Aunque el autor advierte que puede ser útil en cualquier época del año.