La perennidad de las Bibliotecas Nacionales

 

El magnífico libro que ahora deseamos presentar, comienza con la descripción del lamentable estado en el que se encontraba la Biblioteca imperial de Viena, a solo cien años después del comienzo de la imprenta, cuando el famoso intelectual Hugo Blocio se hizo cargo de ella en 1575 por encargo de Maximiliano II. Ese hecho, representa una muestra de lo sucedido muchas veces en tantos lugares del mundo.

Las bibliotecas tienen su historia y su vida y también ellas, como las culturas y civilizaciones y, como los hombres, nacen, crecen y mueren. De ahí la emoción que experimento cuando llego cada viernes a la Biblioteca Nacional de España y observo como cada generación de bibliotecarios de esa entidad han sabido remozarla, mejorarla y disponerla para poder seguir sirviendo, en primer lugar, a los investigadores del mundo entero que acudimos a ella y, por supuesto, a los miles y miles de curiosos lectores y visitantes que encuentran en ella el modo de saciar su necesidad de deleitarse con la lectura.

Los profesores Andrew Pettegree (Reino Unido 1957), de la Universidad de St. Andrews y director de la base de datos Bibliográfica USTC y Arthur Wewduwen (Países Bajos. 1993) también de la Universidad de St. Andrews y ocupado de la base de datos Bibliográfica USTC, han reunido abundante información y le han dado forma, sobre la historia frágil de las grandes bibliotecas de Europa.

Lógicamente, no podía faltar una referencia extensa a la inmensa Biblioteca de Alejandría, a su edificio bellísimo junto al mar inaugurado en 2002, y los famosos incendios que la destruyeron por dos veces e la antigüedad y con la llegada del islam, pero que ha sabido rehacerse para constituir una de las maravillas del mundo (11, 29). La reproducción de la barbarie ha llegado a nuestros días con la quema de la biblioteca de los jesuitas en la calle La Flor de Madrid en los prolegómenos de la guerra civil. También en Siri Lanka en 198, los cingaleses decidieron acabar con la biblioteca más importante de Asia o la quema de la biblioteca nacional de Bosnia, millón y medio de libros, llamada de las tres religiones, ortodoxa, católica y musulmana en 1992

No deja de ser interesante las peleas de las bibliotecas nacionales y sus bibliotecarios con los ladrones de libros que los ha habido en todos los siglos y hasta la actualidad, pues el préstamo ha terminado por estar prohibido e incluso su servicio en la sala por el deterioro del original sustituido en la actualidad por las copias en digital que ya pueden consultarse en casa o en los microfilms en sala.

La discusión acerca de si el libro debe seguir almacenándose y guardándose en inmensas bibliotecas nacionales o si deben realizarse solo en versiones digitales ha terminado por el momento con la coexistencia pacífica entre amabas debido al enamoramiento del lecto por el papel que se sigue produciendo

José Carlos Martín de la Hoz

Andrew Pettegree y Arthur Wewduwen, Bibliotecas. Una historia frágil, ediciones Capitán Swing, Madrid 2024, 592 pp.