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Los Finzi-Contini

“El jardín de los Finzi-Contini” es una de esas obras que permanece, porque es una historia que sitúa ante temas que recuerdan momentos históricos trascendentales en nuestra memoria. La persecución nazi a los judíos es en este caso el tema de fondo. Aun cuando haya una historia más personalizada en superficie, el fondo ambiental es históricamente inequívoco.

Los semblantes callejeros

Viviendo en cualquier ciudad más o menos grande puede ocurrir que uno se mueva casi siempre en su coche, porque tiene donde aparcar, o que se mueva en medios públicos, o que dedique un tiempo importante a caminar por la calle. Esto último tiene algunas ventajas que los otros no tienen. Cruzarse por la calle con la gente es todo un aprendizaje de no poco valor.

La esperanza no defrauda

“Spes non confundit”. La esperanza nunca se pierde, pero qué bien nos viene que nos lo recuerden. En este año santo denominado de la esperanza, tendremos siempre más cerca, más dentro, ese impulso, esa seguridad, esa alegría que procede no de cálculos humanos sino de la confianza en Dios. Por eso el Papa Francisco nos conduce hacia esa alegría de fondo de saber que Dios está siempre con nosotros.

Un niño nos ha nacido

Sin dolor ninguno para su madre llegó Jesús. Ella podría recordar después, cuando lo tenía delante en la cruz, en el Calvario, que no había permitido para ella ningún dolor, ni el del parto. Sin dolor, sin sangre, sin romper. Así quiso Él a su madre. Así llegó Dios al mundo material. José se admira de esa paz, de esa serenidad, de ese nacimiento incruento. Y miraba a aquel bebé absorto, sin palabras. Era un muñequito encantador, como uno más, pero no podía parar de pensar que no era como los demás. Ese bebé era Dios, y no podía menos de estremecerse. Y José miraba a María con asombro; era la madre de Dios. Y María estaba absorta, mirando, tocando, abrazando a ese niño que era su hijo y era Dios.

Desmoralización social

Jiménez Lozano, ya con muchos años, escribió un libro que manifestaba su preocupación por la decadencia moral de la sociedad en la que vivía. “Carta de Tesa”, que así se titula, es una historia, una novela nostálgica, que deja entrever el empobrecimiento ético de la sociedad que le rodeaba. El conjunto de la obra tiene un tinte triste porque seguramente el autor no ve luces, solo advierte sombras, sobre todo si lo compara con lo que vivió cuando tenía treinta o cuarenta años. El declive moral es patente.

Seréis como dioses

Gustave Thibon escribió una obra de teatro con este título en el final siglo pasado, situándose en una hipotética sociedad de cincuenta años después, considerando los peligros que podrían suponer los muchos avances científicos que él podía observar. Se daba cuenta del peligro de una sociedad inmersa en las maravillas de descubrimientos sorprendentes, tan útiles, tan determinantes para la vida de muchas personas.

Solteros con sentido

Es una sorpresa encontrarse con un libro que hable del sentido de la vida de un soltero. Por lo que supone de riesgo de ser mal entendido, me parece un acto de valentía por parte de Silva Castignani afrontar esta situación, siempre un tanto compleja y no fácil de discernir del por qué y para qué del soltero.

Matrimonio vs voluntarismo

El último libro de Trini Puente y Alberto Baselga manifiesta la experiencia de quienes se dedican a cuidar a los que se casan, porque problemillas en nuestra sociedad no faltan y la falta de entendimiento sobre lo que es el matrimonio lleva a situaciones penosas con cierta frecuencia. El ambiente social, la escasa moralidad, el egoísmo frecuente llevan a muchas situaciones límite. Porque si hay algo triste es que el matrimonio se convierta en cosa de dos, pero distantes.

Los demás

La sociedad moderna lleva con gran frecuencia a pensar en uno mismo. Muchos modos de hacer, de concebir la vida, llevan simplemente a pensar en lo que me gusta. Pocas veces en nuestros planteamientos vitales aparecen los demás. Por eso llama más la atención observar que en estos días de desastres naturales vemos a muchas personas, jóvenes y no tan jóvenes, que se prestan a ayudar, incluso a desplazarse para ver en qué puedo servir.

Matrimonios jóvenes

Una de las manifestaciones más notorias de la decadencia humana y cristiana de nuestra sociedad es la edad en que ahora se casan la gran mayoría de los que se llegan a casar. Hace no tantos años la inmensa mayoría de los quienes contraían matrimonio eran jóvenes, de 25, 26 o 27 años. A veces antes incluso. Ahora nos encontramos con que la mayoría se casan con más de 30 años. Y estamos hablando de los que se casan, o sea hombres y mujeres que aún tienen una idea cristiana de la unión conyugal.

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